martes 23 de noviembre de 2010

EL DESTINO



Solía verlos desde mi ventana cuando cada día salían a pasear abrazados.

Ella siempre llevaba sobre sus hombros un chal azul, y no sé por qué siempre pensé que esa prenda era un regalo de él.
Lo dejaba caer por su espalda casi con mimo, y sus manos se sujetaban a uno de los extremos que caía por delante, como si los dedos acariciaran algo hermoso.

El pasaba su brazo por la cintura de ella, como protegiéndola de un acecho invisible, y la mujer a veces descansaba su cabeza en el hombro de él, a veces le miraba con gesto enamorado.

Me gustaba contemplarlos mientras se alejaban por la orilla de la playa, y esa imagen se grabó en mi retina de una forma que nunca llegué a comprender del todo.
Verlos era como poder tocar la magia invisible, como paladear el aire, como hacer garabatos en lo alto de una nube.
Verlos era como comprender que algo imposible podía ser real, que los milagros aún existían.

Desprendían luz, paz, sosiego. Mirarlos era como impregnarse de esa ternura que siempre había echado en falta en mi vida.
Tal vez por eso llevaba tiempo asomada a aquella ventana esperando ver salir a aquella pareja a la que ni siquiera conocía.

Al posar mis ojos en aquella imagen de dos cuerpos abrazados, de dos personas que destilaban tanto amor, era como si de algún modo pudiera robarles unos gramos de felicidad y apropiarme de una brizna de ese sentimiento que compartían.

En cierto modo sentía envidia y me lastimaba pensar aquello. Yo aún era joven, ellos, o al menos sus cuerpos, ya no.

Ella conservaba su melena llena de rizos, esos que algún día debieron ser del color del oro. Ahora se alzaban plateados mientras la brisa del mar los movía a su antojo.
El llevaba una gorra que tapaba la desnudez de su cabeza, aunque tal vez debajo ocultaba esas canas que el tiempo le había ido regalando.

No podía olvidar sus pasos cansinos, sus cuerpos mermados por la edad, pero lo que realmente no podía olvidar era el brillo de sus ojos cuando se miraban.

Me maravillaba la complicidad que se respiraba cuando los veía salir de su casa. El siempre siendo galante y abriéndole la puerta a ella.
Me sorprendía la dulzura con que la mujer acariciaba la mejilla de él mientras sus labios esbozaban algo parecido a un “gracias cariño”.

El calor del sol de mediodía me encontró recostada en la barandilla de mi terraza, con los ojos cerrados al mundo, con el corazón abierto a la vida.
Entonces supe que yo quería vivir una historia como la de aquellos dos ancianos a los que veía a diario dándose un mar de cariño en cada gesto.

Decidí bajar hasta la playa, sentarme a su lado y preguntarles dónde se habían conocido, cómo y cuando.
Decidí en aquél preciso momento que la historia de mi vida la escribiría con la misma tinta que lo habían hecho ellos. En el mismo papel en que ellos continuaban haciéndolo. Con el mismo guión que hace ya tantos años el destino encuadernó para los dos.




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12 caricias y susurros:

✙Eurice✙ dijo...

Cuando una pareja consigue llevar su amor hasta la senectud, es digno de admirar...
Abrazos!

Sensaciones dijo...

joooo, mi niñaaaa qué bonito!!
me gustó leerte en la mañana
porque también yo, me gustaría
encuadernar el destino...

me encantó!!

Un beso con mucho cariñoooor

Angeldelaguarda dijo...

Historias que enternecen y como bien dices te hacen sentir desdichado,,, Que bello es querer pero más bello es que te quieran aún más.
Me ha encantado!

Dulces besos.

ana dijo...

Preciosa historia llena de la nostalgia de un amor que duró siempre.

Si encuentras la tinta pasamelaaaaaa.

Un besazoooooooooooo

Abismo dijo...

Eran jovenes en su alma... no se puede pedir más
Siempre tan dulce!!
Besos abisales guapa

beker dijo...

Yo no creo en las recetas mágicas, sólo creo en el amor... Besos

Magia da Inês dijo...

✿ ܓܓ Olá, amiga!
✿✿Simplesmente...
✿ܓܓcomovente... enternecedor...
Bom fim de semana! ✿✿
Brasil✿ܓܓ

Marinel dijo...

Es algo hermosísimo que el amor perdure hasta esa edad en la que la juventud se quedó jugando olvidadiza ella.
Es preciosa esa historia y por supuesto,dan ganas de imitarlos,de escribir el guión de nuestra vida,tal como ellos lo hicieron.
Por intentarlo no se pierde nada,¿verdad?
Besos miles.

Calvarian dijo...

Imagino que el amor no distingue la edad. El amor distingue corazones...a los que favorecerá y a los que no, los que amarán y serán amados, y los que se ajarán con el tiempo, se marchitarán en manos del olvido.
Imagino que te dieran buenos consejos jejeje
Bésix

María dijo...

¡¡¡Qué boniiitaaaa historia!!!! un amor eterno, lleno de complicidad, porque para el amor no hay edades.

Feliz fin de semana.

Un besazo muy grande, preciosa.

Pepe Derteano dijo...

Hola... eres toda una narradora de aquellos... una hermosa historia que conmueve y que refleja la vigencia del amor bien administrado con el pasar de los años... la última parte me pareció notable porque el acto de desprendimiento supera al de admiración... ambos siempre adheridos al del destino.
Muchos cariños y felicitaciones... eres toda una guionista...
PEPE

Samantha dijo...

Qué lindo! El amor es algo taaaan bello.

Por cierto, me gustan los cambios que veo por tu blog desde que no me conecto. La cabecera está chula, y el fondo de estrellas me encanta.

Un abrazo!